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Experto en ventas, Curso ventas, Luis Monge Malo

Ingeniero que ama las ventas. Cofundador de entradium y clever consulting. Imparto formación en ventas en Deusto Business School y en empresas que molan.

Si trabajas en ventas tienes que conocer este poema

El éxito y el fracaso son la misma mentira. Trátalos como tal.

Un luchador recibe un puñetazo y otro lo propina. Como en "Si" (If), de Rudyard Kipling, como en la vida.

Si puedes perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida…

Todo el que trabaje en ventas —qué demonios, todo el mundo— debería conocer Si…, de Rudyard Kipling (si te llevas bien con el inglés, salta a la versión original).

Si…

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la pierdan y te culpen a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: “¡Resistid!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling escribió esta maravilla en 1895, inspirado por la incursión británica contra los Boers en Sudáfrica. Uno de sus versos («Si te encuentras con el Triunfo y la Derrota y a estos dos impostores los tratas de igual forma») está escrito en la pared de la entrada a la pista central de Wimbledon.

Incluso si no conocías el poema, seguro que estás familiarizado con otra obra de Kipling, El libro de la selva.

Cuenta la leyenda que el autobús que pasaba enfrente de la casa de Kipling rompía las ramas de sus árboles. Kipling, que amaba su jardín, escribió una carta al dueño de la línea de autobuses pidiéndole que el vehículo se apartara unos centímetros. Tras no recibir respuesta Kipling envió dos cartas más, pero como la cosa seguía igual, fue a quejarse en persona. Rápidamente, el dueño de la empresa de autobuses le dijo que no volvería a repetirse. Entonces Kipling le preguntó que por qué no había contestado a sus cartas. El buen señor le explicó que eso se debía a la mucha gente que estaba dispuesta a pagar por una carta firmada por Rudyard Kipling.

Versión original:

If—

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don’t deal in lies,
Or, being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise;

If you can dream—and not make dreams your master;
If you can think—and not make thoughts your aim;
If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build ’em up with wornout tools;

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on”;

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings—nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And—which is more—you’ll be a Man my son!

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