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Experto en ventas, Curso ventas, Luis Monge Malo

Ingeniero que ama las ventas. Cofundador de entradium y clever consulting. Imparto formación en ventas en Deusto Business School y en empresas que molan.

Dentro de 6 segundos me odiarás

Limítate a mostrar las acciones de tus personajes y que sea tu lector quien concluya qué sienten.

Chuck Palahniuk nos enseña cómo escribir mejor. 2

Chuck Palahniuk. Imagen de Rodrigo Fernández.

Dentro de seis segundos, me odiarás. Pero en seis meses, serás mejor escritor.

De ahora en adelante —al menos durante los próximos seis meses— no puedes usar los verbos «de pensar». Eso incluye: Piensa, Sabe, Entiende, Se da cuenta, Cree, Quiere, Recuerda, Imagina, Desea y cientos otros que te encanta usar.

La lista también incluye: Ama y Odia.

Y también: Es y Tiene, pero eso lo dejamos para después.

De aquí a navidad no puedes escribir: «Kenny se preguntaba si a Monica no le gustaba que él saliera por la noche…»

En lugar de eso, lo desenvolverás en algo como:

«Las mañanas siguientes a cuando Kenny salía, hasta después del último autobús, hasta haber tenido que pedir que le llevaran o pagar un taxi para volver a casa y encontrarse a Monica fingiendo que dormía, fingiendo, porque ella nunca dormía así de silenciosa, esas mañanas, ella solo metía en el microondas su propia taza de café. Nunca la de él.»

En lugar de personajes que saben, presentarás detalles que lleven al lector a saber. En lugar de que un personaje quiera algo, tendrás que describir lo que sea de tal forma que el lector lo quiera.

En lugar de «Adam sabía que le gustaba a Gwen», dirás: «Entre clase y clase, Gwen siempre estaba apoyada en la taquilla de Adam cuando él iba a abrirla. Ella miraba hacia arriba y se apartaba emujándose con un pie, dejando la marca negra de su tacón en el metal pintado, pero dejando también el olor de su perfume. El candado todavía conservaba el calor de su culo. Y en el siguiente descanso, Gwen estaría apoyada ahí, una vez más».

En resumen, no más atajos. Solo detalles sensoriales específicos: acción, olor, sabor, sonido y sensaciones.

Típicamente, los escritores usan estos verbos «de pensar» al principio de un párrafo (cuando esto ocurre puedes llamarlos «declaración de intenciones» y lo criticaré, luego). En cierta manera presentan la intención del párrafo. Y lo que le sigue, los ilustra.

Por ejemplo:

«Brenda sabía que nunca cumpliría con la fecha de entrega. El tráfico estaba atascado desde el puente, hasta la octava o novena salida. La batería de su teléfono móvil se había agotado. En casa, los perros necesitaban salir, o habría un desastre que limpiar. Además, había prometido regar las plantas de su vecina…»

¿Ves cómo la «declaración de intenciones» de la apertura roba el protagonismo de lo que viene a continuación? No lo hagas.

Al menos, corta la frase de apertura y colócala después de las otras. Mejor aún, transplántala y cámbiala a: «Brenda no podría cumplir con la fecha de entrega».

Pensar es abstracto. Saber y creer es intangible. Tu historia será más fuerte si te limitas a mostrar las acciones físicas y los detalles de tus personajes, y permites que sea tu lector quien piense y sepa. Y quien ame y odie.

No le digas a tu lector: «Lisa odiaba a Tom».

En lugar de eso, plantea tu caso como un abogado en un juicio, detalle a detalle. Presenta cada prueba. Por ejemplo:

«Mientras pasaban lista, en el suspiro después de que el profesor dijera el nombre de Tom, en ese momento antes de que él pudiera contestar, justo entonces, Lisa susurraba en voz alta “Caraculo”, al mismo tiempo que Tom respondía “Presente”.»

Uno de los errores más habituales que cometen los escritores principiantes es dejar a sus personajes a solas. Cuando escribes, puedes estar solo. Cuando lee, tu lector puede estar solo. Pero tu personaje debe pasar muy, pero que muy poco, tiempo solo. Porque un personaje solitario empieza a pensar o a preocuparse o a preguntarse.

Por ejemplo: «Esperando al autobús, a Mark le empezó a preocupar cuánto duraría el viaje…»

Sería mejor desglosarlo así: «En el horario ponía que el autobús llegaba a medianoche, pero el reloj de Mark decía que ya eran las 11:57. Podía ver toda la carretera hasta el centro comercial, y no había ni un autobús. Seguro que el conductor estaba aparcado al doblar la esquina, al final de la línea, echándose una siesta. El conductor pasaba de todo y dormía, y Mark llegaría tarde. O peor, el conductor estaba bebiendo, llegaría borracho y le cobraría a Mark setenta y cinco céntimos por morir en un llameante accidente de tráfico…»

Un personaje solo debe perderse en sus fantasías y recuerdos, pero incluso entonces no puedes usar los verbos «de pensar» y ninguno de sus familiares abstractos.

Oh, y ya te puedes olvidar de los verbos olvidar y recordar.

No más transiciones del tipo: «Wanda recordaba como Nelson solía cepillarle el pelo».

En lugar de eso: «Durante su segundo año de instituto, Nelson solía cepillarle el pelo con suaves, largas caricias».

De nuevo, desenvuelve. No tomes atajos.

Mejor aun, junta a tu personaje con otro personaje, rápido. Júntalos y que empiece la acción. Permite que sus acciones y palabras muestren sus pensamientos. Tú manténte fuera de sus cabezas.

Y ya que evitas los verbos «de pensar», cuídate mucho de usar los soporíferos «ser» y «tener».

Por ejemplo:

«Los ojos de Ann son azules».

«Ann tiene ojos azules».

Comparado con:

«Ann tosió y agitó su mano delante de su cara, despejando el humo de tabaco de sus ojos, sus azules ojos, un instante antes de sonreír…»

En lugar de insulsos resúmenes con «ser» y «tener», prueba a enterrar los detalles de lo que el personaje tiene o es en acciones y gestos. Para empezar, porque así enseñarás tu historia en lugar de enunciarla.

Y de ahora en adelante, cuando hayas aprendido a desenvolver a tus personajes, odiarás al escritor perezoso que se conforma con: «Jim se sentó al lado del teléfono, preguntándose por qué Amanda no le llamaba».

Por favor. Por ahora ódiame todo lo que quieras, pero no uses los verbos «de pensar». Después de navidad, vuélvete loco, pero te apuesto dinero a que no lo harás.

Deberes para este mes:

…repasa lo que has escrito y rodea cada verbo «de pensar». Luego, piensa una nueva forma de eliminarlo. Cárgatelo desenvolviéndolo.

Después, repasa algo de ficción que se haya publicado y haz lo mismo. Sé despiadado.

«Marty imaginó a los peces, saltando a la luz de la luna…»

«Nancy recordó como sabía el vino…»

«Larry sabía que estaba muerto…»

Encuéntralos. Y después de eso, piensa una forma de re-escribirlos. Hazlos más fuertes.

Esta es una de las 36 lecciones de escritura de Chuck Palahniuk (autor de El club de la lucha y otros). Puedes leer la versión original y adquirir el resto de las lecciones aquí: Nuts and Bolts: “Thought” Verbs.

2 comentarios, deja el tuyo

  • Ignacio dice: a las

    Muy bueno este también, Luis.

    • mongemalo dice: a las

      Te lo agradezco porque la traducción resultó difícil. Aun así, la versión en inglés lo transmite mejor.

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