Cómo no perder un concurso público

No participes en concursos que no hayas contribuido a lanzar.
Una pareja se abraza mientras el hombre le da la mano a una tercera mujer.

Brent Adamson y Matthew C. Dixon, autores de The Challenger Sale, estiman que alrededor del 20 % de las solicitudes de presupuesto sólo persiguen comparar tu presupuesto con otro que el cliente ya casi ha decidido contratar.

Un jueves recibo un correo de una institución pública. Quieren una propuesta para el lunes siguiente a las 12:00. Se trata de un proyecto que por su dotación económica tienen que sacar a concurso.

La solicitud consiste en un email pobremente redactado. Errores gramaticales y todo. Por más que la leo no entiendo la mayoría de requisitos y algunos de ellos son técnicamente imposibles de cumplir. Contiene joyas como: “Queremos que el proyecto cuente con establecimiento del modelo de trabajo colaborativo, patrones de desarrollo, y administración de la herramienta, basado en mejores prácticas sobre dicha herramienta de gestión de la configuración.”

Intento hablar por teléfono con el solicitante pero no me puede atender. Insisto. Nada. Vuelvo a insistir, mismo resultado. Muy a mi pesar le escribo diciéndole que no voy a participar. Me contesta a los cinco minutos, está enfadado, que cómo me atrevo. “¿Me atenderás?”, le pregunto. Me dice que no.

De repente veo una explicación a las prisas, las formas y a la arbitrariedad de los requisitos. Casi parece que la licitación estuviera hecha a la medida de alguien y que mi propuesta sólo fuera a servir para cumplir con el parte.

Dos días después de concluir el plazo de presentación de propuestas el proyecto objeto de la licitación estaba acabado y publicado.

A veces, la única forma de no perder es no participar.

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