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Un ingeniero que ama las ventas. Imparto formación comercial en empresas tecnológicas. Cofundador de Entradium y Clever Consulting. Profesor en Deusto Business School y otros sitios. Te cuento más aquí.

Actúa como el adulto que eres

Di «No» sin tapujos, mejorará tu vida y la de los que te rodean.

Aprende a decir que no y serás más feliz.

Ya eres mayorcito para decir lo que piensas. Fotografía de Mick Amato.

La mayoría de las personas usan dos tipos de respuestas: «Sí» y «Sí». La primera, para después cumplir con su palabra. La segunda, para no hacerlo. Lo que sea con tal de no decir «No». ¿Cuántas veces al día dices «No»? Apuesto que no las suficientes. Te propongo que te lo marques como objetivo de negocio, y que lo midas como si fuera una métrica más: costes, ingresos, duración del proceso de venta, porcentaje de clientes recurrentes… número de noes.

Si un cliente te pide algo que no quieres hacer, dile que no. Cuando un empleado te pregunte algo que puede encontrar en internet, dile que no. ¿Interrupciones? ¡No! Si después de pedir un presupuesto te arrepientes o no te lo puedes permitir, llama a la empresa y dile: «No voy a contrataros». Cuando alguien te llame por teléfono para ofrecerte algo, dile que no lo quieres. No lo acompañes de una excusa, que no te apetezca es motivo suficiente. ¿Podemos quedar para…? ¡No! ¿Y una reunión? Tampoco. Entonces… ¿videoconferencia? No, prueba a contármelo ahora y casi seguro que lo dejamos solucionado.

Hay ideas que hacen ilusión, pero seamos sinceros, esa ilusión dura un suspiro. ¿Tendrás tiempo y ganas de mantenerla viva? ¿La convertirás en una prioridad? Por si acaso, di «No». Convierte «No» en tu respuesta por defecto. Al menos las tres primeras veces. Si después de eso la idea vuelve a rondar tu cabeza significa que, ahora sí, merece la pena tenerla en consideración.

Llévalo a todos los aspectos de tu vida. ¿Estás cansado y no te apetece salir con tu amigo? Díselo tal cual.

Crees que diciendo «No» ofenderás a la otra persona, pero lo que consigues no haciéndolo es dejarle en la incertidumbre, preguntándose qué te pasa, por qué no le contestas al teléfono, por qué pareces tan aburrido, por qué, si no te apetecía dar el siguiente paso, dijiste que te lo pensarías. ¿Acaso tú te ofendes cuando te dicen que no? Entonces, ¿por qué das por hecho que los demás son emocionalmente más frágiles que tú?

Además, ¿qué es lo que crees que ofendería a quien recibe un «No»? ¿que ya no tenga que convivir con la incertidumbre? ¿Que ahora sepa en qué mejorar su negocio? ¿O que tenga más tiempo para él?

Lo mejor es que cuando dices que no los demás te perciben como alguien asertivo, un líder que tiene claro el camino. Te siguen.

Cuando dices «No» pasas menos tiempo haciendo cosas que no te gustan y más disfrutando de la vida, la única que tienes. Imagina lo rápido que avanzarías si los demás te dijeran que no con ligereza. Imagina donde estarías si todos los que te han mareado a lo largo de tu vida te hubieran dicho «No» a la primera.

Di «No». Decir «No» es lo más parecido que hay a repartir felicidad. Si no lo haces por ti, hazlo por los demás.

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